Autoestima
Autoestima: tratarte bien también cuando fallas
Por Cristina Conesa Romero · 4 min de lectura
A veces pensamos que tener autoestima es sentirnos geniales todo el rato. En realidad, una autoestima sana se parece más a cómo te tratas cuando las cosas no salen bien.
Autoestima frágil y autoestima estable
Cuando la valoración que tienes de ti depende de los logros, del cuerpo o de la aprobación de los demás, sube y baja como una montaña rusa: un buen día vales mucho y un mal día no vales nada. La autoestima más estable no se basa en cumplir expectativas, sino en un respeto de fondo hacia ti que no se rompe cada vez que fallas.
El problema de la autoexigencia
Muchas personas creen que tratarse con dureza les mantiene a raya y les hace mejorar. Suele ocurrir lo contrario: la autocrítica constante desgasta, aumenta el malestar y hace más difícil intentarlo de nuevo. Hablarte fatal no te motiva; te agota.
La autocompasión: la alternativa con evidencia
Frente a la autocrítica, la psicología ha estudiado la autocompasión: tratarte a ti como tratarías a alguien a quien quieres. No es autoengaño ni conformismo. Incluye tres cosas: hablarte con amabilidad en lugar de con desprecio, recordar que equivocarse es parte de ser humano (no te pasa solo a ti) y mirar lo que sientes sin exagerarlo ni negarlo. Las personas que la practican tienden a sentirse mejor y a afrontar los tropiezos con más recursos.
Por dónde empezar
Un buen primer paso es fijarte en tu diálogo interno. Cuando algo te salga mal, prueba a preguntarte: "¿le hablaría así a una persona que quiero?". Si la respuesta es no, quizá tú también merezcas otro tono.
¿Te ha resonado?
Si quieres trabajar esto con acompañamiento, podemos vernos en una primera sesión.
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